Manifiesto por los Derechos de las personas refugiadas. Marcha europea

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Murcia, 27 de febrero de 2016

Europa se encuentra ante la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. Miles de personas tratan de obtener aquí la protección que no pueden darle sus países de origen, muchos de ellos completamente destruidos por las guerras o impotentes ante graves situaciones de violencia y persecución.

Estas personas necesitan y merecen la protección de la Unión Europea, no sólo por un imperativo moral, sino también por un imperativo legal. El derecho al asilo es derecho humano fundamental y, como tal, un derecho reconocido a todas las personas por el simple hecho de serlo, sin exclusiones ni distinciones posibles.

Desde que los países se unieron en la redacción de la Convención de Ginebra de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados, se ha reconocido el derecho a obtener asilo a toda persona que busque protección fuera de su país por tener fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un determinado grupo social, de género u orientación sexual; así como también se ha reconocido el derecho a obtener protección subsidiaria en caso de existir graves amenazas contra su vida o su integridad física en situaciones de conflicto internacional o interno.

A los ciudadanos nos sigue resultando incomprensible la pasividad e ineficacia con que la Unión Europea ha tratado este drama humanitario. Drama que, si bien ha tenido mayor difusión en los medios de comunicación durante estos últimos meses, no es novedoso. Desde hace muchos años llegan a España personas refugiadas de países como Mali, Irak, Afganistán, Ucrania, Eritrea, Argelia, Colombia, México, Palestina…

A veces llegan arriesgando sus vidas en pateras o saltando vallas en Ceuta y Melilla, otras veces vienen en trenes o en aviones. Porque la condición económica de unos a otros puede ser muy distinta, pero todos tienen algo en común: buscan la oportunidad de vivir su vida en paz. Y todos sufren la ineficiente respuesta de nuestro estado: la falta de recursos destinados a su atención, la ausencia de información, la carencia en las políticas de integración, las trabas burocráticas a la tramitación de sus solicitudes de asilo y hasta, en muchos casos, el rechazo infundado de esas solicitudes.

No podemos, ni debemos quedarnos sólo en una respuesta de emergencia a todas esas personas que, efectivamente, necesitan de nuestra protección. La realidad que hoy vivimos, es el resultado de una falta de políticas coherentes que aborden la complejidad de las causas que motivan la movilidad humana. Existe una gran falta de coherencia en política exterior, en política económica, en políticas de cooperación para el desarrollo.

Es el momento de abordar el reto que, como sociedad, estamos obligados a denunciar; impidiendo que estos sucesos que nos llenan de dolor, rabia y vergüenza se produzcan de forma sistemática. Europa y España no pueden perder esta oportunidad para repensar sobre las políticas desarrolladas hasta ahora, para proteger a las personas que intentan llegar a nuestro territorio, para invertir en políticas para el desarrollo y en políticas de integración.

Por eso, pedimos a los gobiernos europeos:

  • Que se abran vías de acceso legal y seguro para los refugiados, vías que les permitan ejercer su derecho al asilo de manera digna y sin tener que arriesgar sus vidas en el camino.
  • Que se ponga en marcha una operación permanente de ayuda y salvamento con el objetivo de impedir la pérdida de más vidas. Y que, al mismo tiempo, se combatan activamente las organizaciones criminales de trata de personas.
  • (Pedimos también) Que se establezca un sistema amplio de visados humanitarios y de reasentamiento para los solicitantes de asilo. Que se agilice la reagrupación de las familias.
  • Que se dispongan mecanismos de financiación extraordinarios para establecer los medios, materiales y humanos, para el acogimiento de los refugiados.
  • Que se garantice la protección de las organizaciones y personas que apoyan a la población refugiada.
  • Que se haga un esfuerzo político real, dejando de lado los intereses económicos, para acabar con las guerras y erradicar las violaciones a los derechos humanos en los países de origen.
  • Que se combatan activamente los discursos xenófobos. Que se promueva la integración a través de la educación y la convivencia.
  • Que se habiliten partidas presupuestarias que permitan llevar a cabo una cooperación al desarrollo justa y adecuada a las necesidades reales de los países de origen de los refugiados.
  • (Pedimos también) que se acaben las distinciones por razones de nacionalidad, religión o procedencia entre los beneficiarios de protección internacional.

La indiferencia ante esta crisis humanitaria no sólo afecta a los refugiados. También está dinamitando los valores de solidaridad y respeto que compartíamos los europeos y que tanto nos costó construir. La Unión Europea nació como el proyecto de un espacio común de libertad, seguridad y justicia, presidido desde su origen por la noción de derechos humanos. Y queremos que ese proyecto siga en pie.

Las organizaciones especializadas en la atención y acogida a refugiados y los ciudadanos seguimos esperando…

¡Pasaje seguro ya!

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