30 años construyendo solidaridad

 En Opinión

Discurso del Presidente de la Coordinadora, Andrés R. Amayuelas, en nuestro 30 aniversario.


Artículo de Andrés R. Amayuelas y Maite Serrano, presidente y directora de la Coordinadora de ONGD

La Coordinadora de ONG de Desarrollo cumple 30 años acompañando la política de cooperación internacional para el desarrollo y, aunque no lo parezca, tenemos motivos para celebrarlo.

Los datos pueden hacernos pensar que no estamos para tirar cohetes. Hace unos días presentábamos el Informe AdWatch que muestra cómo, después de años de recortes, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) española apenas alcanza el 0,13% de la Renta Nacional Bruta. Hemos retrocedido también en el compromiso con la transparencia, pasando del puesto 10 al 17 en el Índice de Transparencia de la Ayuda (IATI).  Tampoco podemos presumir de calidad de la AOD, entre otras razones, por no cumplir con el porcentaje de ayuda a los países menos desarrollados. Y lo que es más grave, no se observa voluntad política para recuperar el papel de España como donante en coherencia con su estatus económico y con los compromisos internacionales asumidos en relación con la Agenda de Desarrollo Sostenible.

Sin embargo, creemos que tenemos mucho que celebrar. Los retos que tenemos por delante, los éxitos y fracasos vividos a lo largo de estos años son parte de la fuerza que tenemos para seguir luchando por la defensa del derecho a una vida mejor para todas las personas del planeta.

Los inicios

Corría el año 1982 cuando varias organizaciones empezaron a pensar en la necesidad de articular fuerzas para tener una voz propia en la construcción de la política española de cooperación. Curiosamente, en aquel momento España todavía pertenecía a los países receptores de ayuda. Es así como, a partir de las reuniones de un grupo de amigos, en 1986 se funda la Coordinadora de ONGD -España; esta vez sí, formando parte de una incipiente cooperación española y enganchándonos al carro europeo de la mano del Comité de Enlace, predecesor de CONCORD (la red europea de ONGD).

Desde entonces, la historia de la Coordinadora ha estado ligada a la historia de la cooperación española, de la solidaridad entre los pueblos, de la defensa de los derechos humanos,  la equidad de género y la justicia global. Pero sobre todo, ha estado ligada a la historia de nuestras socias que han crecido y hecho crecer al colectivo en una relación intensa de participación, debate, articulación de consensos, y, por qué no, también de gestión de disensos.

La historia de la Coordinadora ha estado ligada a la historia de la cooperación española, de la solidaridad entre los pueblos, de la defensa de los derechos humanos,  la equidad de género y la justicia global

Si los inicios estuvieron muy marcados por un trabajo más corporativo, -vinculado con la creación de los instrumentos de financiación y las primeras convocatorias de subvenciones-, la Coordinadora también participaba ya de la primera campaña por el 0,7% de la RNB para cooperación al desarrollo, iniciada por el colectivo Justicia y Paz. Eran los años de la revolución sandinista, de la de la guerra civil en el Salvador, de la llamada década perdida para América Latina, la del Consenso de Washington y de la implementación de las políticas de ajuste. La década cerraba con la caída del muro de Berlín todo un símbolo del fin de la Guerra Fría.

La adolescencia

En los 90, éramos más de 50 organizaciones y empezaban a crearse Coordinadoras en algunas Comunidades Autónomas. La política pública de cooperación tomaba cuerpo, pero la ciudadanía exigía un compromiso mayor. La Plataforma por el 0,7%, impulsó la mayor movilización de la historia de España por la solidaridad y la cooperación internacional. Junto con numerosas ONGD, llenamos las plazas de cientos de ciudades en toda España y se logró la firma del “Pacto por la Solidaridad” por parte de la práctica totalidad de los partidos políticos.

En el mundo, mientras tanto, el Consenso de Washington extendía su influencia y las instituciones de Bretton Woods aplicaban sin reparo las políticas de ajustes. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional celebraban su 50 aniversario en Madrid. La respuesta de la sociedad fue el “Foro alternativo; las otras voces del Planeta” organizada por organizaciones y colectivos muy diversos, en el que la Coordinadora participó con la sesión del Tribunal Permanente de los Pueblos contra estas instituciones.

Estos años de movilización y sensibilización de la población fueron el caldo de cultivo para el surgimiento de la cooperación descentralizada. Una cooperación  vinculada a los territorios que no tiene referentes en otros países y que ahora, tras varios años de recortes, está renaciendo con un perfil de nuevo cuño, más vinculado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y a la coherencia de políticas que a la Ayuda tradicional. El Consejo de Cooperación y la propia Ley de Cooperación de 1998, en cuya elaboración participamos activamente, fueron también, sin duda, deudores de la sensibilidad generada a partir de la presión ciudadana.

Nuestras organizaciones fueron asumiendo nuevos retos en educación para la ciudadanía, ampliando los países con los que trabajaban y dando respuestas a las grandes crisis humanitarias como la de los Grandes Lagos o la causada en Centroamérica por el Huracán Mitch.

Paralelamente seguíamos creciendo y madurando como organización. En 1998 aprobamos un Código de Conducta de las ONGD, un código de obligado cumplimiento para las socias, y creamos una Comisión de Seguimiento para garantizar el buen hacer de nuestro trabajo y el cumplimiento del código de imágenes y mensajes a propósito del “Tercer Mundo”, según terminología del momento. Nuestras organizaciones fueron asumiendo nuevos retos en educación para la ciudadanía, ampliando los países con los que trabajaban y dando respuestas a las grandes crisis humanitarias cómo la de los Grandes Lagos, o la destrucción de buena parte de Centroamérica tras el Huracán Mitch.

La década de los 90 fue también la década de las Cumbres sobre Desarrollo. Desde Río92 hasta la Cumbre sobre Población y Desarrollo en el 94, pasando por la Cumbre sobre Mujer y Desarrollo del 95 o la Cumbre sobre el Desarrollo Social en 1998. Todas ellas tuvieron como síntesis los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Una síntesis que, al limitarse a plantear objetivos cuantitativos, perdió gran parte de la riqueza y de los avances que se habían reflejado en las declaraciones finales de cada una de las Cumbres.

La juventud

El cambio de siglo, pareció inaugurar el comienzo de una nueva época. Asistimos al auge de los países emergentes, la guerra contra el terrorismo que se desató tras el ataque a las Torres Gemelas, la invasión de Irak, el reconocimiento del cambio climático como problema acuciante y la expansión del capitalismo financiero que dio lugar, al final de la década,  a la mayor crisis financiera desde los años 30.

Internamente vivimos momentos complicados. Desde las dificultades para alcanzar un consenso para pronunciarnos ante la invasión de Irak, hasta la situación que nos llevó a plantear un recurso contra el Real Decreto de modificación del Consejo de Cooperación que pretendía dar la potestad al Gobierno de nombrar a las ONGD representantes del sector. Poco más tarde vinieron momentos más amables con el crecimiento significativo de la AOD española y la mejora de la interlocución con la Administración. De esta época data el Estatuto del Cooperante, cuyo desarrollo estaba pendiente desde la aprobación de la Ley de Cooperación.

Internamente seguimos creciendo, esta vez de la mano de las CCAA que, por fin, se incorporaron como socias de pleno derecho y tuvieron mucho que ver en el desarrollo y la implantación a lo largo de todo el estado de la campaña Pobreza Cero que todavía hoy es un referente en el día de lucha contra la pobreza.

El gran logro de esta época fue la firma por parte de todos los partidos políticos, del “Pacto de Estado contra la Pobreza”. Un documento con 32 compromisos que debía dotar a la política española de cooperación de estabilidad, más allá de los cambios de gobierno. Lamentablemente el pacto se incumplió sistemáticamente.

La respuesta a la crisis, no fue un cambio en el sistema de regulación de los mercados financieros, sino una vuelta de tuerca a los presupuestos públicos, que, entre otras políticas, ha afectado gravísimamente a la política de cooperación.

En 2010 tembló la tierra en Haití y, como es habitual, la sociedad española se volcó en colaborar con las ONGD para hacer frente a la catástrofe. Hoy 6 años después la población de Haití sigue dependiendo de una ayuda, que ni siquiera es suficiente. Pocos años antes habían temblado los cimientos del sistema financiero arrastrando con ellos a los bancos y cantidades ingentes de dinero público que salieron al rescate de la banca, también en nuestro país. La respuesta a la crisis, no fue un cambio en el sistema de regulación de los mercados financieros, sino una vuelta de tuerca a los presupuestos públicos, que, entre otras políticas, ha afectado gravísimamente a la política de cooperación.

La cooperación española ha sufrido un recorte del 70% y, como resultado, las propias ONGD hemos tenido que hacer frente a un descenso en picado de las subvenciones para la ejecución de proyectos de desarrollo, para asistencia humanitaria y para Educación para la Ciudadanía Global. Las consecuencias han sido duras para las ONGD aquí, pero sobre todo, para las personas de otros contextos con las que hemos tenido que dejar de colaborar. Sin embargo, a pesar de los recortes y de la crisis, la mayoría de las organizaciones ha sabido resistir, redefiniendo estrategias y contado con la solidaridad de socios y colaboradores. El último informe del sector así lo atestigua.

La madurez

Estos últimos años hemos participado activamente en la construcción de la posición española de sobre la Agenda 2030, aprobada por la Asamblea de Naciones Unidas en septiembre de 2015. Seguimos trabajando para que su implementación  se traduzca en políticas realmente transformadoras que hagan de este planeta un lugar vivible para su población actual y futura.

Seguimos comprometidas con una cooperación internacional para el desarrollo que asuma la lógica del desarrollo sostenible y de la defensa de los derechos humanos como un hecho universal que debe guiar el conjunto de las políticas públicas

Tras tres décadas de trabajo conjunto contamos con un sector maduro y responsable que se exige mucho a sí mismo. Hemos avanzado en el ámbito de la responsabilidad y la transparencia construyendo la Herramienta de Transparencia y Buen Gobierno que ya es un referente, no solo para las ONG de Desarrollo sino para el Tercer Sector en su conjunto. En 2012, nos embarcamos en un proceso de prospectiva que nos ha llevado a reafirmar la importancia del trabajo con la ciudadanía y la necesidad de acercarnos a otros actores sociales como son ecologistas, feministas, de derechos humanos, de acción social, etc. en un proceso de alianzas para la transformación que llamamos Futuro en Común.  Pero sobre todo seguimos comprometidas con una cooperación internacional para el desarrollo que asuma la lógica del desarrollo sostenible y de la defensa de los derechos humanos como un hecho universal que debe guiar el conjunto de las políticas públicas.

Celebramos treinta años de trabajo conjunto, basado en el respeto a las diferencias entre las organizaciones y en la construcción de confianza entre nosotras. Años empeñadas en construir acuerdos, y en aceptar  los disensos, cuando los consensos no son posibles. Estamos contentas y queremos celebrar lo que hemos logrado juntas para tomar fuerza frente a las exigencias de una nueva realidad que, de nuevo, nos invita a repensarnos desde una lógica que ya no es la de los países del Norte y del Sur, sino la de los desafíos universales como el cambio climático, la migración o la desigualdad. El reto es muy grande, pero tenemos la fuerza de la experiencia y la potencia de un colectivo de más de 400 organizaciones comprometidas con la justicia global. Seguimos.

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